Otra vez en casa hay olor a Mar del Plata. Esa mezcla a mierda ajena y a lavanda sintética. No es el puerto o la playa lo que me recuerda la costa, sino esa mezcla de olores comprimidos de cosas que ya no están pero preexisten, como el lapso que tarda la mierda en salir del cuerpo y terminar yéndose por la cañería hasta llegar a Mar del Plata.
Ese acto también me recuerda a las personas que no se hacen cargo de las cosas como de su mierda. Y hacen fuerza para liberarse de su peso, para luego pasar un papel y quitar la culpa del culo y cubrirlo con el manto sagrado del higiénico, el cual también contiene mil recuerdos de cuando fue árbol y los vio pasear por ahí.
Después, solo queda tirar la cadena o tocar el botón y ver la culpa drenar en espiral y por las dudas, rosear lavanda durante cuatro o cinco segundos, que en lo general trae buenas sensaciones aunque a mi me desagrada mezclar tanto las cosas. Porque puede ser mas sencillo hacer fuerza, dar las espalda y tirar el botón para luego irte como si nada hubiese pasado. Una vez mas, sin darte cuenta te desististe de una parte de vos que moría de ganas por salir y como no te animaste antes terminaste cagándote en el baño, cagándote en vos mismo y en ese pedazo de árbol que no tiene porque agilizar tu culpa que termina siendo parte de la tina gigante donde todos veraneamos alguna vez.
Por eso, hoy cago con la puerta abierta, me retuerzo y grito descaradamente ''QUE LINDO ES CAGAR Y LIBRARME DE ÉSTO QUE HUELE MAL. QUE LINDO ES HACERME CARGO DE ÉSTA CULPA SIN FORMA NI NOMBRE".
Aunque ahora toque el botón y haga de cuenta que nada pasó, para luego tirar lavanda sintética y la culpa se convierta en un recuerdo del verano en Mar del Plata.
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