BERRETINES

jueves

valle de saucos:

Me fui lejos, sobrepasando las montañas queriendo llegar a la frontera entre el suelo y las nubes.
Me fui lejos a pasos cortos y rápidos, creyendo que saldrías por los poros como el sudor que cae de mi cien.Pisé rosas que hablaban tu nombre hasta caer rendido en un valle.Dormí por días y la hierba devoró casi por completo mi cuerpo. Había olvidado por dónde había llegado y dudaba en donde empezaba y terminaba mis brazos y piernas hasta que un día, rosa, una señora que vivía cerca de ahí, procuró curarme.
Recoge saucos y la hierba crecida entre tus piernas, junta los pétalos que pisaste y mézclalos en esta taza. Ahora bébelo y ve a dormir.
Oía las cabras balar hasta caer en un denso sueño. Recuerdo haber visto nubes danzar rosando el valle, rosando mi cuerpo dormido inverso en la hierva y las cabras comiendo los pimpollos rojos que crecían a mi alrededor. Recuerdo haber visto un hombre vestido como rosa, que se acercaba todas las mañanas y besaba mis pies y frente. Recuerdo que aquél hombre, que yo conocía y no por las ropas de rosa, limpiaba mis hiervas, repetía un nombre, un nombre familiar, familiar como su cara y sus gestos, ese hombre peinaba mi pelo y repetía ese nombre. Pero yo no logré escucharlo.
Luego desperté, después de días, después de que lloviera y la bruma cesara, con la sensación de que algo faltaba. Recuerdo el sueño, las nubes, el valle con las cabras y aquel hombre. Pasé tres dias mas, en silencio, intentando dormir y en sueños entender que era eso que ya no estaba.
Llegué a soñar que las cabras eran rosa y yo era el hombre que besaba las cabras enredadas en la hierva, pero nada tenía sentido.
Y una mañana mientras las cabras dormían y rosa tejía colchas para el invierno, me dice: es la enfermedad. Y ahí, comprendí que eso que ya no estaba era el amor.
Recoge saucos y la hierba crecida entre tus piernas, junta los pétalos que pisaste y mézclalos en esta taza. Ahora bébelo y ve a dormir.Oía las cabras balar hasta caer en un denso sueño. Recuerdo haber visto nubes danzar rosando el valle, rosando mi cuerpo dormido inverso en la hierva y las cabras comiendo los pimpollos rojos que crecían a mi alrededor. Recuerdo haber visto un hombre vestido como rosa, que se acercaba todas las mañanas y besaba mis pies y frente. Recuerdo que aquél hombre, que yo conocía y no por las ropas de rosa, limpiaba mis hiervas, repetía un nombre, un nombre familiar, familiar como su cara y sus gestos, ese hombre peinaba mi pelo y repetía ese nombre. Pero yo no logré escucharlo.Luego desperté, después de días, después de que lloviera y la bruma cesara, con la sensación de que algo faltaba. Recuerdo el sueño, las nubes, el valle con las cabras y aquel hombre. Pasé tres dias mas, en silencio, intentando dormir y en sueños entender que era eso que ya no estaba.Llegué a soñar que las cabras eran rosa y yo era el hombre que besaba las cabras enredadas en la hierva, pero nada tenía sentido.Y una mañana mientras las cabras dormían y rosa tejía colchas para el invierno, me dice: es la enfermedad. Y ahí, comprendí que eso que ya no estaba era el amor.

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